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	<title>El Blog de Daniel Castagnetto</title>
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	<description>Experiencias y recuerdos de ser nuevos padres</description>
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		<title>Todo lo tenía fríamente calculado</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Mar 2009 15:18:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>airin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Parto]]></category>

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		<description><![CDATA[Se dice que a las primerizas se les puede adelantar el trabajo de parto hasta dos semanas&#8230; o incluso retrasárseles el mismo tiempo.  Desde que oí eso, siempre tuve la idea de que se daría el primero de estos casos en mí y que mi hijito nacería justo a tiempo para que su tía Toki [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-53" title="p1080273" src="http://daniel.castagnetto.com/wp-content/uploads/2009/03/p1080273.jpg" alt="p1080273" width="272" height="204" />Se dice que a las primerizas se les puede adelantar el trabajo de parto hasta dos semanas&#8230; o incluso retrasárseles el mismo tiempo.  Desde que oí eso, siempre tuve la idea de que se daría el primero de estos casos en mí y que mi hijito nacería justo a tiempo para que su tía Toki (quien regresaba a los EUA a fines de febrero) lo pudiera conocer.</p>
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<p><span id="more-45"></span></p>
<p>Mi cuñada Toki partió con mis sobrinitos Thomas y Alex hacia Detroit sin haber podido conocer a mi hijo, quien no nació en la semana 38 ó 39 como yo había esperado.  Mi ginecóloga ya me había advertido que ella no consideraba saludable esperar más de las 41 semanas.  En el caso de llegar a la semana 41 sin ninguna novedad, ella inmediatamente me induciría el parto.  Por mi parte, como consideraba que mi barriga no era tan grande como la de otras mamis que he visto, no tenía tanto apuro en que naciera mi hijo porque no significaba un peso insoportable.</p>
<p>Sin embargo, los días pasaban y no había indicios de que mi hijo estuviera preparado (fisiológicamente) para nacer.  Entramos a marzo, pasamos sin dificultad su FPP (fecha probable de parto, que era el 2 de marzo) y, por supuesto, tampoco &#8220;encajaba&#8221; su cabecita.  Es decir, yo seguía con la panza arriba.  Lo preocupante era que el bebé no se sintiera listo para nacer a pesar que había sobrepasado las 40 semanas, pues ello podría significar algún problema con él, el cordón, la placenta u otros.  Algo ya me estaba diciendo que yo me iría de largo hasta la semana 42, cosa que no era la más saludable pues el bebé seguiría creciendo, dificultando así la labor de parto.</p>
<p>El día domingo 8 de marzo, amanecí con cólicos.  Sucede que la noche anterior nos mandamos un atracón en familia, cuando salimos a festejar el cumpleaños de mi hermano David.  Comimos tan rico, que atribuí los dolores en el vientre a un problema digestivo.  Pero luego apareció una señal inminente:  perdí parte del tapón mucoso.  Hasta entonces me habían explicado cómo luce, pero no imaginaba cómo era en realidad.  Pero apenas lo vi, ya no tuve dudas de que el momento estaba muy cerca.  Entonces, empecé a atar cabos sueltos.  ¿No sería que mis cólicos (supuestamente de gases) eran en realidad contracciones?</p>
<p>Como madre primigesta, no tenía ni la más remota idea de cómo se sentía una contracción.  Con el transcurrir de las horas me convencí de que los cólicos eran contracciones aún irregulares.  Estuvieron presentes durante todo el día, aunque sin causar mayores molestias.  La noche del domingo, ya cerca del cambio de fecha a lunes, empecé a sentir dolores más intensos.  Mi idea era descansar, dormir todo lo que pudiera (mientras pudiera) hasta que llegara el momento adecuado para ir a la clínica.  Pero el dolor hacía imposible poder conciliar el sueño.  Fue entonces que se me rompió la fuente, y no me quedó otra opción que ir pronto a la clínica para ser atendida y monitoreada por personal especializado.</p>
<p>Ya allí, me confirmaron que estaba en dilatación dos, así que empezaron a monitorear mis contracciones y las pulsaciones del bebé, ajustando a mi barriga dos dispositivos con un par de bandas elásticas muy ajustadas que no hacían otra cosa que aumentar la incomodidad.  Las horas pasaban y el dolor era cada vez peor, lo cual me hacía presumir que yo ya estaría en dilatación ocho o nueve&#8230; para mi sorpresa, no había pasado de dos y ya la consideraba muy dolorosa.  Cuando avancé a dilatación tres, pedí la epidural.  Ése fue otro pequeño martirio.  Alguien alguna vez me dijo que no dolía&#8230; a mí sí me dolió e incomodó mucho, pero al menos después me permitió relajarme por un par de horas.  Como debía permanecer de cúbito dorsal inmediatamente después de su aplicación (para asegurarse que la anestesia circulara de manera uniforme), nuevamente sufrí el síndrome de hipotensión supina con la consecuente alarmante disminución pronunciada del ritmo cardiaco de mi bebé (nuevamente, a mucho menos de la mitad).  Ya con cierta experiencia en el tema, dados los episodios anteriores durante mis dos últimas visitas al ecografista, simplemente optamos por cambiar mi posición (sobre mi costado izquierdo) para que todo se reestableciera poco a poco.</p>
<p>Las horas avanzaban y no tenía otro consuelo que la presencia de mi esposo, quien se quedó las trece horas conmigo sin separarse de mí y casi sin probar alimento.  Más allá, en otros ambientes, mi mamá permanecía atenta a cualquier información que alguien pudiera brindarle mientras esperaba sentada en un sillón incomodísimo (¡pobre espalda!).  Como a muchas otras mujeres les habrá sucedido, durante la etapa dolorosa sentí rechazo a que mi esposo me hablara o tocara, como si inconscientemente estuviera culpándolo por no poder compartir físicamente tanto dolor conmigo.  Pero el solo hecho de saber que él estaba a mi lado, era suficiente para no sentirme tan sola con tanta carga a cuestas.</p>
<p>Los últimos momentos fueron los peores.  Fue ahí cuando recibí el refuerzo de la epidural y mi ginecóloga ayudó al bebé a girar para ponerse en la posición adecuada para el parto.  Fui llevada a sala de partos en medio de un mar de dolor tan insorpotable, que sentía que moriría o me desvanecería en cualquier momento.  Cuando me dieron la indicación de pujar fuerte, lo hice con todas mis fuerzas (a pesar del intenso dolor), sólo para que mi hijo pudiera salir en la menor cantidad de pujos posibles y aliviar el sufrimiento cuanto antes.  Mucho (o tal vez todo) dependía de mí.  Y así fue; no los conté (porque mi mente estaba en otro sitio), pero mi esposo sí.  Daniel Ken salió a la tercera.</p>
<p>Mi ginecóloga estaba bastante satisfecha pues mi hijo salió de mi vientre con su agenda bien programada.  Justo el mismo día que cumplí las 41 semanas de embarazo, él se decidió a nacer.  Es más, también estaba contenta porque la labor de parto duró 13 horas, cumpliendo todas las etapas exactamente en los tiempos previstos.  Ya con el correr de los días, mi hijito nos volvió a asombrar con su agenda súper programada:  Justo el día que cumplió su primera semana de nacido, su cordón umbilical se desprendió.</p>
<p>Este muchachito va a ser muy detallista de grande (mi ginecóloga dice que será científico).  Si bien nació calatito, no olvidó traer bajo el brazo su agenda con cálculos precisos de todos sus tiempos.  Y sí que los hace cumplir, porque todo lo tiene bien calculado.</p></div>
</div>
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		<title>賢 &#8211; Ken</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Feb 2009 04:27:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>airin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Gestación]]></category>
		<category><![CDATA[nombre]]></category>

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		<description><![CDATA[Ése es el nombre en idioma japonés de nuestro hijo, que le seguirá a su primer nombre &#8220;Daniel&#8221;.  Gracias a una amiga japonesa, nos decidimos luego de una corta deliberación.  Ken (賢) significa &#8220;persona inteligente, sabia, virtuosa&#8221;.
En realidad, como esperábamos tener una niña (y no un niño), Maki y yo nos habíamos concentrado más en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ése es el nombre en idioma japonés de nuestro hijo, que le seguirá a su primer nombre &#8220;Daniel&#8221;.  Gracias a una amiga japonesa, nos decidimos luego de una corta deliberación.  Ken (<!--[if gte mso 9]><xml> <w :WordDocument> </w><w :View>Normal</w> <w :Zoom>0</w> <w :HyphenationZone>21</w> <w :Compatibility> <w :BreakWrappedTables /> <w :SnapToGridInCell /> <w :WrapTextWithPunct /> <w :UseAsianBreakRules /> <w :UseFELayout /> </w> <w :BrowserLevel>MicrosoftInternetExplorer4</w> </xml>< ![endif]--><span style="font-size: 10.5pt; font-family: &quot;MS Mincho&quot;;" lang="JA">賢</span>) significa &#8220;persona inteligente, sabia, virtuosa&#8221;.<span id="more-38"></span></p>
<p>En realidad, como esperábamos tener una niña (y no un niño), Maki y yo nos habíamos concentrado más en pensar y buscar nombres para niñas tanto en castellano, como en japonés.  Antes de que el ecografista nos dijera (a los siete meses y medio de gestación) que se trataría de un niño, ya habíamos determinado que, en castellano, nuestra bebé se llamaría &#8220;Daniela&#8221;.  Tras la reveladora ecografía y con todo el &#8220;cambio de sexo&#8221; que sufrió nuestro bebé, fuimos prácticos y, al día siguiente, en plena sesión de ejercicios pre-natales en la piscina temperada de la AELU, Maki y yo decidimos simplemente sustraer la &#8220;a&#8221; final del nombre para que quedase &#8220;Daniel&#8221;.</p>
<p>Probablemente hallar el nombre en japonés haya sido un poco más complicado, dado que no teníamos a la mano muchas fuentes informativas.  Entre las pocas personas consultadas, recurrimos a una entrañable amiga japonesa que me estima tanto, que vino expresamente desde el Japón cruzando medio mundo sólo para estar presente en mi matrimonio y hacerme el bouquet.  Ojo:  a pesar de haber venido de taaaaaaaaaan lejos, no quiso (por ningún motivo) hacer turismo.  Sólo quería dedicarse a buscar las flores perfectas, a ayudarme en preparativos y hacer voluntariado en mi trabajo.</p>
<p>Esta amiga vive en Hiroshima y se comunica conmigo cada cierto tiempo gracias al internet.  En un primer momento, nos hizo llegar el ranking de nombres para varones del año 2007 que, en realidad, no colmó nuestras expectativas.  Tras un pedido reiterado, nos hizo llegar hace un día un listado con 23 nombres de personas famosas o nombres que cuentan con gran popularidad en el Japón.  De ahí es que elegimos &#8220;Ken&#8221;, pues es fácil de escribir y de leer.  Es corto y no es tan complicado como &#8220;Ryuunosuke&#8221; o &#8220;Shinnosuke&#8221;.</p>
<p>Así que ya está:  Daniel Ken Castagnetto Kawasaki.  Un par de nombres sencillos para apellidos un tanto complicados.</p>
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		<title>El primer gran susto a los 7.5</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Feb 2009 18:00:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>airin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Gestación]]></category>
		<category><![CDATA[ecografía]]></category>

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		<description><![CDATA[A los siete y medio meses de embarazo, papá Maki y mamá Airin nos llevamos un gran susto.  El viernes 16 de enero me tocaba ecografía para poder ver el desarrollo del bebé y oír la reconfirmación de que nuestro bebé sería niña.  En vista que en la época de mi mamá no había ecografías, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A los siete y medio meses de embarazo, papá Maki y mamá Airin nos llevamos un gran susto.  El viernes 16 de enero me tocaba ecografía para poder ver el desarrollo del bebé y oír la reconfirmación de que nuestro bebé sería niña.  En vista que en la época de mi mamá no había ecografías, la invité a acompañarnos para que pudiera ver cómo es una ecografía y ver a su nieta en pantalla.</p>
<p>Para sorpresa general, el ecografista nos informó que se trataba de un niño y no una niña.  Automáticamente se nos derrumbaron a todos varios esquemas mentales y proyectos, pues en realidad habíamos estado preparándonos para la llegada de una &#8220;Daniel+a&#8221;, y no de un &#8220;Daniel&#8221;.  Al principio creí que, dada la amistad y confianza entre Maki y Raúl (el médico ecografista), éste último pudiera estar jugándonos una broma; sin embargo, todo hacía indicar que no bromeaba (su rostro y el tono de su voz lo confirmaban).<span id="more-25"></span></p>
<p>Desde temprana edad, he tenido problemas con la columna vertebral, lo cual me dificulta adoptar algunas posiciones que para otras personas podrían resultar cómodas.  Una de las posiciones más dolorosas para mí (y principalmente DURANTE el embarazo), es el estar echada de cúbito dorsal.  Eso me hace sentir agudos hincones en la cadera que casi me imposibilitan moverme.  Como en toda ecografía gestacional que se practica, la madre se ubica sobre la camilla de cúbito dorsal para permitir al médico examinar con facilidad toda el área de la barriga.  Minutos después de oír que nuestro bebé sería niño, empecé a sentirme mal.  Ojo:  no digo que fuera producto del impacto de la noticia, sino que ya había pasado un par de minutos desde que me había recostado y estaba por aparecer cierto &#8220;síndrome&#8221;.</p>
<p>No sólo me sentía mal, sino RECONTRA mal.  La presión empezaba a bajárseme, pero trataba de sacar fuerzas en vista que estaba en plena ecografía y Raúl quería ver detalles del rostro del bebé.  Cuando sentía que ya no aguantaba más, le dije a mi esposo que la presión se me había bajado.  Empecé a sudar frío, litros y litros de sudor emanaban por todos mis poros, tenía mareos, ganas de devolver mi desayuno (leche con cereal) y de usar el baño.  Me estorbaba todo, incluyendo mi propio cuerpo.  No sabía dónde dejar mis brazos, ni qué hacer con ellos.  Era tal el malestar, que ya no podía seguir viendo a mi bebé moviéndose en pantalla; sino que opté por cerrar los ojos y ahorrar un poco de energía.  Para acrecentar el malestar, el aire acondicionado del consultorio estaba funcionando a toda máquina y sentía que me helaba.</p>
<p>Inexplicablemente, los malestares eran cada vez peor.  Raúl siguió monitoreando al bebé y en un momento dado dijo que la frecuencia cardiaca del bebé estaba bajando por debajo de las 100 pulsaciones por minuto.  Eso nos asustó a todos, pues la madre en algún momento iba a sobreponerse de un &#8220;bajón&#8221; de presión, pero no esperábamos que dicho malestar pudiera afectar de manera tan negativa al enanito que estaba dentro de mí.  En todos mis controles durante el embarazo, el bebé siempre había gozado de buena salud y mantenido un ritmo cardiaco óptimo (144 &#8211; 152 pulsaciones por minuto).  Por eso, grande fue el susto cuando Raúl comentó entre dientes que el ritmo cardiaco del bebé seguía bajando y ahora estaba bordeando los 60.</p>
<p>Mi esposo, celular en mano, llamó inmediatamente a mi ginecóloga, quien pidió conversar con Raúl para hacerle preguntas claves:  &#8220;¿La mamá está sangrando?  ¿Está perdiendo líquido?&#8221;.  Felizmente, las respuestas a ambas preguntas eran negativas.  Raúl pidió a su asistenta que llamara a algún ginecólogo (quien fuera, cualquiera, pero alguno que estuviera atendiendo ese día por ahí, ¡¡¡pero rápidoooo!!!), que trajeran oxígeno y suero para reestablecerme.  Para quien se siente mal, los segundos se hacen demasiado laaaargos.  Yo seguía postrada, con los ojos cerrados, moviendo los brazos de arriba hacia abajo como esperando encontrar dónde colocarlos sin que me estorbaran, sintiéndome mal y muy probablemente al borde de desvanecerme.  Normalmente, mi presión arterial es baja (100-60); pero en ese momento, seguro había bajado a 50-10 ó algo así. Mi bebé llevaba la peor parte:  en un momento dado, ¡¡¡su frecuencia cardiaca había llegado a bajar hasta las 57 pulsaciones por minuto!!!  Demasiado baja para un bebé (mucho menos de la mitad de lo normal), e inclusive baja hasta para un adulto.</p>
<p>Varios minutos después, ingresó al consultorio un ginecólogo que atendía consultas ese día.  Tras hacer un par de preguntas, sugirió que me cambiaran de posición.  Hasta el momento, había estado echada de cúbito dorsal, así que me ayudaron a recostarme sobre mi lado izquierdo.  Cual si fuese magia, rápidamente empecé a &#8220;retornar al mundo de los vivos&#8221;, a dejar de sudar, a sentir menos mareos, a recuperar mi color, a ver menos estrellitas y asteriscos fosforescentes frente a mis ojos.  Estando de costado, Raúl siguió monitoreando los latidos del bebé, que lentamente fueron subiendo desde 57 hasta llegar, minutos después, a su ritmo normal de 144.</p>
<p>Lo que yo había experimentado, fue el síndrome de hipotensión supina.  Este síndrome se da en mujeres embarazadas que, al echarse repentinamente de cúbito dorsal, pueden llegar a sufrir el aplastamiento de vasos sanguíneos, arterias y venas debido al peso del útero.  Eso hace que la presión arterial disminuya y se dé el cuadro que acabo de mencionar.  Simplemente, fue un problema de índole posicional.</p>
<p>Felizmente, nos confirmaron que, a pesar que el bebé había bajado a menos de la mitad su ritmo cardiaco, no habría ninguna secuela en él.  El enano siguió moviéndose de manera normal dentro de mi útero durante todo ese episodio.  En otras palabras, a pesar que la madre se sentía muy mal, el bebé buscó protegerse de la situación y por eso bajó su ritmo para adecuarse a las circunstancias.</p>
<p>El resto del día no me sentí con ganas de nada y preferí descansar en casa (como que las energías se me habían desvanecido y seguía asustada).  Este episodio nos sirvió de experiencia a TODOS.  Pero mi hijo es fuerte y nos enseñó que, ante situaciones adversas, hay que saber &#8220;ahorrar recursos&#8221; (un buen principio de la logística).  Me encantaría que, dependiendo de las circunstancias, él pudiera conservar en cierto modo esa costumbre aun de grande.</p>
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		<title>Nuestro bebé (Our baby)</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Jul 2008 23:55:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jesus</dc:creator>
				<category><![CDATA[Gestación]]></category>

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		<description><![CDATA[5 semanas y 4 días
Esa es la edad de nuestro bebé ahora. Ya soy papá, aunque faltan algunos meses para tener a mi hija (o hijo) en mis brazos. Airin, mi amada esposa, está feliz que no cabe en sí, y mis padres y sus padres también están emocionados. Abajo hay unas &#8220;fotos&#8221; de nuestro [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3>5 semanas y 4 días</h3>
<p>Esa es la edad de nuestro bebé ahora. Ya soy papá, aunque faltan algunos meses para tener a mi hija (o hijo) en mis brazos. Airin, mi amada esposa, está feliz que no cabe en sí, y mis padres y sus padres también están emocionados. Abajo hay unas &#8220;fotos&#8221; de nuestro bebé, ya pondré más luego cuando haya más material.</p>
<p>Ahora se viene toda una nueva etapa en mi vida, con muchas interrogantes y tierras inexploradas. Espero ser buen padre y buen esposo, que más puedo pedir en la vida sino exactamente eso, y poder estar orgulloso de mi hijo (o hija). Soy feliz, más que nunca.</p>
<h3 style="text-align: right;">5 weeks and 4 days</h3>
<p>That is the age of our baby now. I am already a dad, although there are still some months to wait before I have my daughter (or son) in my arms. Airin, my beloved wife, is happy beyond words, and my parents and hers are also excited. Below there are some &#8220;photos&#8221; of our baby, I will put more material when I get it.</p>
<p>A new phase is starting in my life, with lots of questions and unexplored lands. I hope to be a good father and a good husband, what else can I ask in life but exactly that, and to be proud of my son (or daughter). I am happier than I&#8217;ve ever been.</p>
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